Muerte negra: la peste que asoló a Europa en el siglo XIV
En el siglo XIV sucedió una de las más grandes catástrofes demográficas de la historia de la humanidad. Se calcula que de 1348 a 1400 falleció entre un cuarto y la mitad de la población europea a causa de la “muerte negra”.
En la Edad Media, la población se defendía de las bacterias a través de su sistema inmunológico. Sin los medicamentos modernos, los anticuerpos eran prácticamente su única defensa contra las enfermedades.
El hacinamiento en las ciudades y su carencia de servicios como el drenaje o la recolección de basura, las hacían verdaderas incubadoras de enfermedades. El exceso de población, la contaminación de los pozos, la falta de organización sanitaria, las calles pobladas de cerdos y ratas, la invasión de pulgas, todo contribuía a extender los casos de tifus, disentería y gripe. Sin embargo, la peor de todas las epidemias fue la de la peste bubónica, una enfermedad que los europeos del siglo XIV carecían completamente de defensas.
La epidemia de peste fue efecto del crecimiento económico. Con el desarrollo del comercio europeo, los comerciantes genoveses y venecianos fueron a negociar hasta los confines del mar Negro y allí entraron en contacto con mercaderes de Asia. El germen de la peste llegó a Europa desde Asia, en los parásitos de ratas y pulgas que abundaban en los barcos que comerciaban con aquellas exóticas regiones.
El sur de Italia se contagió de peste en 1347, y hacia finales del siguiente año se extendió por toda Italia. En unos meses Venecia perdió tres cuartas partes de su población. En Francia, la enfermedad se introdujo por el puerto de Marsella, de allí llegó a España y Portugal, y después al resto de Europa. A Inglaterra le llegó el turno en 1349. A Alemania y Escandinavia en 1350. Rusia también se contagió en 1351-1352.
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